Retiros de bienestar en la naturaleza: lo que la evidencia médica dice sobre la inmersión prolongada
Un recorrido por la evidencia clínica sobre qué le ocurre al cuerpo durante una inmersión de varios días en bosques, agua y entornos naturales, y por qué la duración del contacto parece ser, en sí misma, una variable con peso propio.
13 min de lectura · Publicado el 19 de julio de 2026
Un retiro de bienestar no es solo una caminata más larga. La diferencia no es únicamente de grado sino, según un número creciente de estudios clínicos, también de tipo: hay marcadores biológicos —actividad de las células NK, ritmo del cortisol, arquitectura del sueño— que responden de forma distinta a una inmersión de varios días que a una hora suelta en un parque. La pregunta que ha empezado a ocupar a la medicina ambiental en la última década no es solo si el contacto con la naturaleza hace bien, sino cuánto tiempo de exposición hace falta para que ese efecto se vuelva medible, y cuánto de él persiste una vez la persona vuelve a su rutina. La evidencia, todavía incompleta pero cada vez más consistente, empieza a responder ambas preguntas.
La duración de la inmersión parece ser, según la evidencia, una variable con peso propio: los estudios que comparan sesiones más largas con sesiones breves encuentran, en general, efectos más marcados en las primeras.
La dosis importa: por qué el formato del retiro no es un detalle menor
La mayor parte de la investigación en "terapia de bosque" —el término clínico para lo que en Japón se llama shinrin-yoku, o baño de bosque— se ha hecho históricamente con exposiciones de entre dos y tres horas. Pero cuando los propios investigadores han comparado sesiones de distinta duración, el patrón que emerge es consistente: más tiempo produce más efecto. Un metaanálisis publicado en 2025 en Frontiers in Psychology por Xueyan Shang y su equipo, que sintetizó estudios sobre el Perfil de Estados de Ánimo (POMS) en terapia de bosque, encontró que las sesiones únicas más largas fueron más beneficiosas para mejorar tanto los estados de ánimo positivos como los negativos, y que las sesiones de menos de una hora tuvieron un efecto menos marcado sobre la fatiga y la vitalidad que las más prolongadas. El mismo análisis encontró que la terapia de bosque "dinámica" —caminar, moverse— superó a la "estática" —sentarse, contemplar— en la mejora de esos estados, algo que los autores atribuyen a un efecto sinérgico entre el ejercicio físico y la restauración atencional propia del entorno natural.
A esto se suma una segunda variable, además del tiempo: el tipo de entorno. Una revisión sistemática de 2026 publicada en Applied Psychology: Health and Well-Being por Heinen-Stach y su equipo, con Michèle Birtel y Mira Tschorn como últimas autoras, analizó 47 ensayos controlados aleatorizados sobre intervenciones basadas en naturaleza y comparó explícitamente entornos silvestres —bosques, montañas, zonas protegidas— con espacios verdes urbanos gestionados, como plazas o parques. Aunque ambos tipos de entorno mostraron beneficios, los efectos en entornos silvestres fueron, en general, más consistentes que en espacios verdes urbanos. Para un retiro de varios días en un entorno silvestre —a diferencia de una caminata semanal por una plaza— ambas variables, duración y tipo de entorno, apuntan en la misma dirección.
El sistema inmune durante una inmersión de varios días
La línea de evidencia más directamente relacionada con el formato de retiro —no una caminata suelta, sino una estadía de varios días— proviene del trabajo pionero de Qing Li, profesor de la Escuela de Medicina Nippon, en Tokio, y hoy uno de los investigadores más citados en medicina forestal. En un estudio de 2008 publicado en el International Journal of Immunopathology and Pharmacology, doce hombres sanos realizaron dos viajes de tres días y dos noches con niveles de actividad física equivalentes: uno a zonas boscosas y otro a una ciudad sin bosques. El viaje al bosque aumentó de forma significativa la actividad y el número de células NK (natural killer, un tipo de linfocito central en la vigilancia inmune contra células tumorales e infectadas por virus) y redujo la concentración de adrenalina en la orina; el viaje a la ciudad, con el mismo gasto de energía y el mismo tiempo fuera de casa, no produjo ninguno de esos cambios. Es un detalle importante: el efecto no parece explicarse solo por "salir de la rutina" o hacer una actividad física distinta, sino por el entorno natural en sí.
Un hallazgo especialmente relevante para el formato de retiro es que ese aumento de la actividad NK no fue algo pasajero: se mantuvo medible durante más de siete días después de terminado el viaje, un patrón que Li y su equipo replicaron después en mujeres —con un diseño equivalente en un estudio independiente— y, con un efecto más modesto, en excursiones de un solo día.
Cortisol y presión arterial: los marcadores más estudiados
El cortisol —la hormona liberada por la glándula suprarrenal como parte de la respuesta al estrés— es, junto con la presión arterial, el marcador fisiológico más estudiado en la investigación sobre terapia de bosque, en buena parte porque se puede medir en saliva de forma no invasiva durante trabajo de campo. Una revisión sistemática y metaanálisis de 2019 publicada en el International Journal of Biometeorology por Michele Antonelli, Giulia Barbieri y Davide Donelli, que evaluó 22 estudios y sometió 8 de ellos a síntesis cuantitativa, encontró que el cortisol salival fue significativamente más bajo en los grupos que hicieron terapia de bosque que en los grupos control, tanto antes como después de la intervención, con una diferencia media de -0,05 μg/dl tras la intervención. Los propios autores advierten, sin embargo, que parte del efecto podría deberse a la expectativa del propio participante —un efecto placebo genuino, no necesariamente menor por serlo— y piden más investigación, dado lo limitado de los datos disponibles.
Un metaanálisis más amplio, publicado en 2022 en el International Journal of Environmental Research and Public Health por Quan Qiu y su equipo, de la Universidad Agrícola del Sur de China y la Universidad de Columbia Británica, analizó 21 estudios sobre presión arterial (2.270 participantes) y 13 sobre cortisol salival (1.786 participantes), comparando terapia de bosque con un grupo control urbano. En promedio, la terapia de bosque redujo la presión sistólica en 3,44 mmHg y la diastólica en 3,07 mmHg, además del cortisol salival. Pero los propios autores son transparentes sobre los límites de esa cifra: la heterogeneidad entre estudios fue sustancial (I² entre 73% y 89%), y el intervalo de predicción —que estima dónde caería el resultado de un nuevo estudio individual, no solo el promedio del conjunto— fue mucho más amplio que el intervalo de confianza, e incluyó valores por encima de cero. En otras palabras: en promedio la presión baja, pero un retiro puntual no garantiza ese resultado en cada persona.
7 días
es, según los estudios de Qing Li en Japón, cuánto tiempo permanece elevada la actividad de las células NK (natural killer) después de un retiro de tres días en el bosque, más allá del propio viaje.
Ánimo, ansiedad y sueño
Sobre el estado de ánimo, la señal es, en promedio, todavía más marcada que sobre los marcadores fisiológicos, aunque con una salvedad metodológica importante. Un metaanálisis de 2021 publicado en el International Journal of Environmental Research and Public Health por Poung-Sik Yeon y su equipo, de la Universidad Nacional de Chungbuk, en Corea del Sur, sintetizó 20 estudios y encontró que la terapia de bosque mejoró de forma significativa tanto la depresión (g de Hedges = -1,133) como la ansiedad (g de Hedges = -1,715) frente a los grupos control: tamaños de efecto grandes según los estándares habituales de la investigación en salud mental. La salvedad es que la mayoría de los estudios incluidos fueron cuasiexperimentales, no ensayos aleatorizados propiamente dichos, y provinieron casi todos de Corea del Sur, lo que limita cuánto se puede generalizar la magnitud exacta de esa cifra a otras poblaciones.
Sobre el sueño, la evidencia es más reciente y más acotada, pero apunta en una dirección consistente con el resto. Un estudio de 2022 publicado en Environmental Health and Preventive Medicine por Qing Li y su equipo evaluó a veinte hombres de mediana edad (57,3 años en promedio) antes y después de un programa de baño de bosque, y encontró que este aumentó la serotonina sérica, redujo los síntomas depresivos y mejoró la calidad subjetiva del sueño, medida con el inventario de sueño Oguri-Shirakawa-Azumi. Es una muestra pequeña y compuesta solo por hombres —los propios autores señalan que el estudio en mujeres quedó pendiente por la pandemia—, pero el hallazgo es consistente con lo que ya se sabe sobre la exposición a luz natural diurna y su papel en la arquitectura del sueño esa misma noche, algo que ya exploramos a partir de los registros de electroencefalografía.
Las termas de la zona ofrecen el mismo tipo de estímulo —agua mineralizada, calor, inmersión prolongada— que evalúan los estudios de balneoterapia citados en este artículo.
El agua termal: el otro ingrediente de un retiro
La investigación sobre naturaleza y bienestar rara vez se detiene solo en el bosque. Un retiro que combina caminatas con inmersión en aguas termales añade una variable con su propia línea de evidencia —la balneoterapia—, que en algunos aspectos llega a conclusiones similares a las del bosque y en otros involucra mecanismos fisiológicos distintos, como el efecto de la temperatura y los minerales disueltos sobre la piel y el sistema circulatorio. Una revisión sistemática de 2021 publicada en el International Journal of Spa and Wellness por James Clark-Kennedy y su equipo, de la Universidad RMIT en Melbourne, encontró mejoras en la depresión, los problemas de sueño y el estrés autopercibido tras la balneoterapia en varios de los estudios revisados, con una reducción de la ansiedad reportada en un número menor de ellos.
Sobre el cortisol específicamente, una actualización de 2024 de esa misma línea de investigación, publicada también en el International Journal of Biometeorology por Michele Antonelli —el mismo investigador detrás de la revisión de cortisol y bosque de 2019, esta vez junto a Federica Fasano y su equipo— analizó 17 estudios con 765 participantes y encontró una reducción significativa del cortisol a corto plazo en personas sanas sometidas a balneoterapia, un efecto más marcado en quienes partían con niveles de estrés más altos. Los autores anotan una distinción clínica relevante: en personas mayores con condiciones reumáticas, un aumento puntual del cortisol inducido por el agua termal puede funcionar como un estrés hormético beneficioso —una activación controlada y de corta duración que termina reduciendo la inflamación—, un mecanismo distinto al de la simple reducción de cortisol que se observa en población sana. Es, en otras palabras, evidencia real pero todavía con una base de estudios modesta, en su mayoría de diseño no aleatorizado.
Qué no dice todavía la evidencia
Ninguna de estas líneas de evidencia —bosque, balneoterapia, entornos silvestres frente a urbanos— llega a la certeza de un ensayo clínico a gran escala, y vale la pena ser explícito sobre sus límites, del mismo modo que lo son los propios autores de los estudios citados. Primero, buena parte de la investigación en terapia de bosque proviene de un número relativamente reducido de países —sobre todo Japón y Corea del Sur—, con culturas, dietas y niveles basales de exposición a la naturaleza distintos a los de otras regiones, lo que limita cuánto se puede extrapolar la magnitud exacta de cada cifra. Segundo, la mayoría de los participantes en estos estudios son voluntarios sanos, no pacientes con diagnósticos específicos, así que estos hallazgos hablan de bienestar general más que de tratamiento de una condición clínica particular. Tercero, casi ninguno de los estudios citados evalúa el formato completo de un retiro de bienestar contemporáneo —que combina bosque, agua, movimiento, alimentación y desconexión digital en un mismo programa—: la mayoría aísla una sola variable a la vez, así que el efecto combinado de un retiro real es todavía más una inferencia razonable que un hallazgo medido directamente en conjunto. Y cuarto, como muestran tanto el metaanálisis de presión arterial de Qiu y su equipo como el de cortisol de Antonelli, Barbieri y Donelli, la heterogeneidad entre estudios individuales es considerable: los promedios son consistentes, pero la respuesta de una persona en particular puede apartarse bastante de ese promedio.
Un retiro en la Araucanía
Aplicado a un entorno como Pucón y sus alrededores, ninguna de estas variables es hipotética. El bosque nativo de la zona —con su dosel denso y de estructura compleja— corresponde al tipo de entorno silvestre que, según la revisión de 2026 sobre intervenciones basadas en naturaleza, tiende a producir efectos más consistentes que un espacio verde urbano gestionado. Los ríos y lagos de la zona ofrecen el estímulo de agua visible al que otras revisiones asocian un efecto restaurador propio. Y las termas —abundantes en esta zona volcánica de la Araucanía— son precisamente el tipo de intervención que evalúan las revisiones sobre balneoterapia citadas en este artículo: agua mineralizada, temperatura elevada, inmersión prolongada. Ninguna investigación citada aquí se hizo específicamente en esta región; lo que existe, igual que ya señalamos al hablar de las ondas cerebrales, es una correspondencia razonable entre lo que la evidencia describe y lo que el territorio ofrece.
Cómo aplicar esta evidencia
La duración parece importar tanto como la frecuencia: la evidencia sobre terapia de bosque sugiere que las sesiones más largas producen efectos más marcados que las breves, lo que respalda el formato de varios días frente a una sola caminata.
El efecto sobre el sistema inmune de una inmersión de varios días no termina cuando termina el viaje: en los estudios de Qing Li se mantuvo medible durante al menos una semana después de vuelto a la rutina.
Combinar distintos estímulos —bosque, agua termal, movimiento— tiene, cada uno por separado, su propia línea de evidencia; todavía no existe un estudio que mida el efecto de combinarlos todos en un mismo programa, aunque la lógica de sumar mecanismos distintos es razonable.
Como con cualquier cifra promedio, ningún resultado individual está garantizado: la heterogeneidad entre estudios —y entre personas— es real, así que conviene sostener expectativas realistas sobre lo que un retiro puede y no puede ofrecer.
Conclusión
La pregunta de si un retiro de bienestar "funciona" probablemente esté mal planteada, o al menos incompleta. Lo que muestra la evidencia acumulada en las últimas dos décadas no es un efecto único, sino varios efectos parciales y bien documentados —sobre el sistema inmune, el cortisol, la presión arterial, el sueño, el ánimo—, cada uno con su propia base de estudios, sus propios tamaños de muestra y sus propias advertencias. Lo que sí parece sostenerse, estudio tras estudio, es que la variable tiempo no es incidental: mayor duración y mayor inmersión se asocian, de forma bastante consistente, a efectos más marcados y más duraderos que una exposición breve. Sigue siendo, como toda la investigación en medicina ambiental, un campo activo y con huecos por llenar, empezando por estudios que evalúen el formato completo de un retiro y no solo sus componentes por separado. Pero la dirección general, con la cautela que exige cualquier evidencia todavía en desarrollo, es clara: el cuerpo parece necesitar algo más que una tarde libre para notar la diferencia entre una calle y un bosque, y esa diferencia, cuando se le da tiempo suficiente, deja una huella medible que dura más que el viaje mismo.
Vive el formato que describe esta evidencia
En Newendo Pucón diseñamos retiros de varios días en bosques, lagos y termas de la Araucanía: el mismo formato de inmersión prolongada que los estudios citados en este artículo asocian con los efectos más marcados y duraderos.
Li, Q., Morimoto, K., Kobayashi, M., et al. (2008). Visiting a forest, but not a city, increases human natural killer activity and expression of anti-cancer proteins. International Journal of Immunopathology and Pharmacology, 21(1), 117–127. Ver estudio
Antonelli, M., Barbieri, G., & Donelli, D. (2019). Effects of forest bathing (shinrin-yoku) on levels of cortisol as a stress biomarker: a systematic review and meta-analysis. International Journal of Biometeorology, 63(8), 1117–1134. Ver estudio
Qiu, Q., Yang, L., He, M., Gao, W., Mar, H., Li, J., & Wang, G. (2022). The Effects of Forest Therapy on the Blood Pressure and Salivary Cortisol Levels of Urban Residents: A Meta-Analysis. International Journal of Environmental Research and Public Health, 20(1), 458. Ver estudio
Yeon, P.-S., Jeon, J.-Y., Jung, M.-S., et al. (2021). Effect of Forest Therapy on Depression and Anxiety: A Systematic Review and Meta-Analysis. International Journal of Environmental Research and Public Health, 18(23), 12685. Ver estudio
Li, Q., Ochiai, H., Ochiai, T., Takayama, N., Kumeda, S., Miura, T., Aoyagi, Y., & Imai, M. (2022). Effects of forest bathing (shinrin-yoku) on serotonin in serum, depressive symptoms and subjective sleep quality in middle-aged males. Environmental Health and Preventive Medicine, 27, 44. Ver estudio
Shang, X., Lu, J., Tao, M., Fei, C., & Fei, J. (2025). Benefits of forest therapy for adult mental health: a systematic review and meta-analysis based on the Profile of Mood States (POMS). Frontiers in Psychology, 16. Ver estudio
Heinen-Stach et al. (Birtel, M. D. & Tschorn, M., últimas autoras) (2026). The effectiveness of nature-based interventions on mental health: A systematic review. Applied Psychology: Health and Well-Being. Ver estudio
Clark-Kennedy, J., Kennedy, G., Cohen, M., & Conduit, R. (2021). Mental health outcomes of balneotherapy: a systematic review. International Journal of Spa and Wellness, 4(1), 69–92. Ver estudio
Antonelli, M., Fasano, F., Veronesi, L., Donelli, D., Vitale, M., & Pasquarella, C. (2024). Balneotherapy and cortisol levels: an updated systematic review and meta-analysis. International Journal of Biometeorology, 68, 1909–1922. Ver estudio
Este artículo tiene fines informativos y de divulgación científica. No constituye consejo médico ni un diagnóstico individual, y no reemplaza una evaluación clínica. La investigación citada aquí describe promedios de grupo —muchas veces en voluntarios sanos— y no predice la respuesta de una persona en particular. Si vives con una condición de salud diagnosticada, especialmente cardiovascular, autoinmune o de salud mental, o si tomas medicamentos que podrían interactuar con el calor o la exposición solar prolongada, te recomendamos consultar a un profesional de la salud antes de participar en un retiro de inmersión prolongada.
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